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El reloj no siente, el reloj no
espera, el reloj, el frío reloj no tiene
ansiedad ni prisa.
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El tiempo se desliza
con lentitud, o aprisa,
pesado como el plomo,
ligero como el viento,
a veces se nos pasa en un suspiro
y a veces atormenta por lo lento.
Giran las saetas,
los dígitos cambian
al ritmo que dictan
esas piedras muertas
que cuarzo se llaman.
Por eso es que el tiempo
fruto de lo inerte
y del movimiento
puede ser, a veces,
confuso e incierto,
puede ser, a veces,
como lo percibo
y como lo vivo,
volátil o eterno.
El tiempo inamovible,
el tiempo relativo,
sus minutos iguales
y a veces tan distintos...
Tantas y tantas veces
estando junto a ella
se me pasan las horas sin sentirlo,
tantas y tantas veces
esperando que venga
cada minuto me parece un siglo.
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